Gastón González, la vigencia de uno de los próceres del rock gospel
Si existe una cualidad que define a Gastón González es la perseverancia. Y el concepto no es antojadizo ya que el destacado bajista que hace vibrar cada domingo River Church, lleva casi cuatro décadas sobre el escenario. En esta jugosa entrevista, Gastón recorre sus inicios, su crecimiento profesional y un presente que lo ubica entre los más destacados músicos y productores del continente.
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Damián Sileo
9/15/20266 min read


La década de los años ‘90 en la República Argentina fue prolífica en cuanto a bandas de rock se refiere. Más precisamente, la zona oeste de la provincia de Buenos Aires fue cuna de grupos que han hecho historia. Uno de ellos fue Séptimo Sello, una banda de pop rock que se lanzó en 1994 con aquél casete titulado “Puerta de Escape”, y que tenía a los hermanos Gastón y Pablo González como principales protagonistas. Mientras Pablo se mostraba como la cara visible del grupo, Gastón se convertía en el cerebro de la banda, y ya perfilaba su condición de productor musical, dándole identidad propia a una banda que tenía sello propio. “Pienso en la música como parte de mi vida desde siempre, ya sea marcando el ritmo de una canción con buen tempo o cantando en perfecta afinación cualquier canción que escuchara. Tal es así que a los 6 años ya cantaba mis primeras canciones en la iglesia que me vio nacer. A los 10 años ya tocaba un poco de batería, guitarra, hasta llegar al bajo eléctrico, que hoy es mi instrumento principal. Un par de años más tarde, junto a mi hermano Pablo, dimos inicio a nuestro sueño de formar una banda y grabar nuestro primer disco, con apenas 14 años. Ese primer encuentro con la producción musical y estudios de grabación, dejarían en mí una fascinación por todo ese mundo, que iba más allá de los conciertos en vivo o solo componer música”.
Actualmente, Gastón se desenvuelve como productor musical en la ciudad de Los Ángeles, y como miembro estable de la banda que cada domingo musicaliza los encuentros en River Church, la iglesia que pastorea Dante Gebel. Precisamente con el popular predicador fue que Gastón hizo la mitad de su carrera artística. “En el año 2000 casi por casualidad, fui parte del ‘Argentina tour 2000’, de Dante Gebel. Recorrí algunas provincias de la gira como baterista, dejándole a Dante una muy buena impresión, tanto en mi versatilidad como músico, como en lo personal. Luego de eso, hicimos amistad, una que duraría hasta el presente (más de 26 años) trabajando a partir de ese momento en la producción musical de todos sus shows por venir, ‘El Superclásico’ en estadios como también en sus shows de teatro, en calle Corrientes y en la producción de radio, de su programa que salía a todo el mundo, grabado en nuestros propios estudios de grabación de Buenos Aires”.
Pero entre aquellos albores con Séptimo Sello y este presente con Gebel, pasó mucha agua bajo el puente. Y tratando de hacer una cronología, Gastón inicia su periplo memorístico con el recordado Superclásico con Dante Gebel en el estadio Vélez. “En el año 2001, luego de hacer toda una temporada de ‘El show de Dante’ en radio, surgió la idea de formar parte de ‘Misión Rec’, en el famoso Teatro Astros. Nuestra amistad crecía a la par de los desafíos, de no solo producir música de manera convencional, sino música para radio, luego para shows teatrales, y en el año 2003 llega el primer gran desafío de hacer la producción musical de ‘El Superclásico’ de ese año, posicionándome entre los más destacados arreglistas y productores musicales a nivel local e internacional. Dirigir la banda, cantar y tocar esa noche fue apenas el comienzo de todo lo que vendría, pero la guardo en mi corazón, como unos de los momentos más lindos en mi carrera musical”.
La historia posterior es conocida, ya que Gastón no sólo fue partícipe de los demás superclásicos arriba del escenario, sino tras bambalinas, siendo parte fundamental en la producción integral de uno de los eventos más importantes de Latinoamérica. “Luego del Superclásico de 2003, vinieron todos los demás 2005, 2011, 2013 y El Salvador 2019. Tuve la bendición de poder ser el productor musical de todos esos shows, cada uno con un desafío aún mayor y diferentes ideas, combinando estilos musicales e incorporando nuevas tecnologías en el campo audiovisual. Rodeándome con artistas consagrados de talla mundial. La trascendencia de esos eventos dio lugar a que pudiera, no solo desarrollar mi talento e ideas en la música, sino mostrar de forma masiva mi trabajo”.
A partir de la década del 2000 se produjo un importante éxodo de músicos a los Estados Unidos. Gastón fue uno de los que buscaron nuevos horizontes en el país del norte y junto a su esposa y sus pequeñas niñas se instaló a principios de 2011 en North Carolina para mudarse definitivamente en enero 2012 a Los Ángeles, donde comenzó una destacada carrera que lo convirtió, con los años, en uno de los más importantes productores musicales cristianos de California. “Emigrar a los Estados Unidos ha sido, tal vez, el mayor desafío personal en mi vida y carrera. Volver a comenzar desde cero y abrirme paso en la que es, tal vez, la industria más competitiva del mundo, donde están los mejores: artistas, músicos, y productores musicales del mundo, no ha sido nada fácil. Pero Dios tiene sus planes y mi llegada a Los Ángeles tenía propósito. En el 2013 asumí la dirección musical de la banda de River Church, iglesia que actualmente pastorea Dante Gebel, y que anteriormente fuera el ministerio hispano de Catedral de Cristal, del pastor Robert Schuller, en Garden Grove, CA. Con los años he grabado decenas de producciones musicales del género worship de la iglesia, como música congregacional, de inspiración, navideña y con ello, vinieron muchos más shows en lugares icónicos como: El Dolby Theater, Disney Concert Hall, el teatro dentro de Disneyland (con dos shows interactivos), El estadio Honda Center de Anaheim, el Hard Rock Café de Las Vegas, entre otros conciertos y eventos, destacándose los shows navideños que tienen lugar cada año en River Arena, lugar que reúne a miles de personas semanalmente para recibir palabra de Dios y tener un tiempo de intimidad y adoración con El. River Arena es el ministerio del cual formo parte como director musical, músico y cantante a la vez, domingo a domingo desde aquel 2013”.
Gastón González es un hombre de familia. Junto a su esposa Bettina y sus dos hijas, conforman un clan comprometido con el ministerio cristiano. “Esta vida llena de sueños y desafíos no hubiera sido posible sin el amor y apoyo incondicional de mi esposa Betty, con quien llevamos casi 25 años de casados y sin nuestros dos grandes tesoros, Julieta y Lucía de 20 y 16 años, respectivamente. En mi experiencia, puedo decir que todo es posible cuando tienes una familia a tu lado dispuesta a todo por apoyarte y seguir el llamado de Dios. Nunca habrá garantías, pero una cosa sí es segura: mientras estemos juntos, todo estará bien.
Un hombre y cuatro cuerdas que lo acompañaron a lo largo de 40 años. El escenario, los reflectores, la radio, la televisión, los eventos... momentos y elementos que contribuyeron para que Gastón González se convirtiera en una referencia ineludible para los más jóvenes, que reciben su legado. Pero él sabe que todo eso no es nada sin el motor que lo alimenta en la diaria: Dios. “En aquellos primeros años, no solo aprendí a tocar instrumentos y a cantar, aprendí a amar la música, fue refugio y mi motivación a cada paso. Tal vez yo solo quería ser un músico más, uno bueno. Pero Dios tenía mejores planes, mi camino no solo se trataría de eso, sino que Dios pondría en mí el don de poder tocar y bendecir el corazón de la gente a través de lo que hago. Eso me honra enormemente y me ha dado un corazón agradecido cada día. La música, como toda expresión del arte, viene de Dios, con infinitas formas y matices, como una fuente inagotable de ideas. Con los años vividos creo que, aún falta tanto por aprender, tanta música por descubrir, que siento que, apenas voy calentando mi voz, apenas ensayo mis primeros acordes, aún siento esa primera pasión, y esos nervios previos a subir a escena. Pero si aprendí algo fue a escucharlo mejor a Él, a invertir mi tiempo en lo que realmente importa: calibrar mi vida, que siempre ha sido un humilde instrumento en sus manos y a creer que, los desafíos por venir, siempre que sean nacidos de su corazón, serán mi brújula, mi norte a seguir”.
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